«¿Puede venir un amigo a jugar a casa?» – Nivel Primario

0

Les propongo el ejercicio de recordar su propia infancia.

¿Hay algo que hayan disfrutado más que invitar a un amigo/a a sus casas, o ser invitados?
Jugar con los juguetes de otro, comer la merienda preparada por otra mamá, tener tiempo para estar con nuestros amigos en casa…

¿Qué pasa con los encuentros entre amigos en los primeros grados de la primaria?
A esta edad nuestros hijos, además de volverse más independientes, se tornan más sociables. Esto significa que están más preparados para estar fuera de casa y disfrutar de otras actividades y nuevas experiencias. Ya no sólo les resulta más fácil compartir sus juguetes, sino que prefieren que colaboren en sus juegos antes que estar solos.

Es buen momento para invitar a sus amigos a jugar en casa, o ser ellos quienes vayan. Y si bien son más grandes, es importante no dejar esos encuentros en manos de la improvisación.

¿Qué es importante tener en cuenta?

  • Acordar el tiempo que durará la visita:
    Luego de todo un día de clase, sugerimos que el encuentro sea corto y no dure más de dos horas.
  • Combinar este espacio con anticipación:
    Es esencial escuchar el deseo de nuestros hijos para arreglar con un amigo, y a partir de ese pedido, llamar a los otros padres para acordar el día. Sugerimos evitar hacer esos arreglos al momento de la salida de la escuela ya que son situaciones que suelen generar dificultades y malestar.
  • Generar empatía:
    Es importante fomentar en nuestros hijos que inviten a diferentes compañeros y no se cierren a un mismo “grupito” de amistades; esto ayuda a que descubran que cada uno tiene algo distinto para dar y que noten que es posible pasar un buen rato juntos. Invitar al que nunca es invitado les permite aprender a ponerse en el lugar del otro, entender cómo se siente y, así, tratar de ayudar a que se sienta mejor.
  • Estar atentos y presentes:
    Que el invitado se sienta cómodo y seguro es una condición fundamental. Para esto es importante dejar que jueguen y organicen sus juegos sin interferir –sin dejar de estar atentos para intervenir o acudir en ayuda si la situación lo requiere-. En principio sugerimos no tomar parte en los pequeños desacuerdos entre ellos. Seguramente se resolverán sin nuestra intervención, pero no hay que dejarlos sin supervisión.
  • Ayudarlos a resolver un conflicto:
    Aunque ya son capaces de expresarse, todavía les cuesta resolver un problema a través del diálogo. Cada uno tenderá a culpar al otro. Por ello, lo primero que debemos hacer cuando nuestra mediación se vuelve necesaria, es suavizar las cosas y que ambos cuenten lo sucedido, con el fin de que resuelvan el conflicto por ellos mismos. Probablemente una vez que hayan contado lo ocurrido se tranquilicen y vuelvan a jugar contentos. Si se complica, podemos ayudarlos sugiriendo nosotros una nueva alternativa: proponerles un descanso, merendar o ver una peli.
    Si llegara a ser necesario y así lo consideráramos, es preferible llamar a los padres y finalizar el encuentro en esa oportunidad.
  • Anticipar la despedida. En general les cuesta separarse, dejar de jugar, dar por terminado el encuentro.
    Sugerimos anticiparlo un rato antes, avisando que está por finalizar la visita, invitarlos a empezar a ordenar y conversar sobre lo bien que la pasaron para dejar abierta la posibilidad de reunirse nuevamente.

Por último, propongo hacer el ejercicio de tratar de entender que todos los chicos tienen sus amistades preferidas, así como las tenemos nosotros, y que en la escuela no todos los compañeros necesitan transformarse en amigos. Intentemos respetar las elecciones de los chicos, no forzar relaciones que por algún motivo u otro no pueden transformarse en otra cosa más que compañerismo, ni cortemos las posibilidades de desarrollar una verdadera amistad basada en alguna afinidad común más allá de nuestra propia expectativa.

Judith Szyld
Tutora de 1° a 4° grado.
Docente, Psicóloga Social y Coach Ontológico.

Leave A Reply